Puerto El Morro 2009

Manuel Kingman
Apuntes a partir de la Residencia Solo con Natura

El 29 de noviembre de 2009, sábado en todo el territorio nacional, en la comunidad costera de Puerto el Morro, Provincia del Guayas, comenzó la residencia artística "Solo con Natura 2009 – Puerto el Morro".
Solo con Natura es una iniciativa de Larissa Marangoni (Directora de APROFE), el proyecto lleva tres años de trayectoria y es la única residencia artística del Ecuador. A mi parecer esto lo hace un suceso de importancia, pero no solo eso, como veremos más adelante, es un proyecto pionero en la relación entre arte y comunidad. Fue en el 2007 cuando el primer grupo de artistas fueron invitados a convivir con la comunidad de la Isla Santay (Guayas), en ese año los medios de comunicación – ávidos de noticias espectaculares- convirtieron a la Residencia en un reality show con un alto rating de sintonía. Al parecer, en la segunda Residencia hubo menos cobertura mediática que en la edición precedente, los organizadores tuvieron mayor cuidado en al acceso que daban a la televisión. El proyecto no se relacionaba con los objetivos de entretenimiento de los medios, la intención de los organizadores de Solo con Natura era lograr que el espacio comunitario se convierta en lugar para la creación artística.

En los dos primeros años se produjeron intervenciones interesantes, como la de Juan Carlos León (2007) quien con la ayuda de la comunidad colocó un parterre urbano en medio de la selva. En Limoncito (2008) en la propuesta titulada "Mañana te toca o mañana te mueres" el artista David Palacios clavó nueve machetes en una casa de caña. En esta instalación hubo un acercamiento a las creencias locales y a la idea de que un machete atravesado en la pared de un hogar representa protección más que agresión. El artista en su instalación hiperbolizó esta costumbre creando un objeto ambiguo y perturbador. Estos son dos ejemplos, pero al mirar las propuestas realizadas considero que más allá de la calidad artística innegable de las obras, son proyectos artísticos en los cuáles el aporte de la comunidad queda limitado y determinado por las ideas del artista. El artista - creador que producía a partir del relacionamiento con el entorno "natural" y social, fue para mi el actor preponderante de este proceso.

Manuel Kingman
En la última edición de Solo con Natura se da un cambio de timón. María Fernanda Cartagena (quien conceptualiza la última edición) decide optar por trabajar con artistas con trayectoria en trabajo comunitario. Esto permitió brindar las condiciones necesarias para que, a partir de un diálogo con los habitantes de Puerto el Morro y sus necesidades, se produzcan las propuestas artísticas. Este giro conceptual produjo cambios en la práctica, cambios que tienen muchas aristas, aspectos que hacen más compleja la lectura del arte, pues ya no se trata de propuestas que puedan ser leídas a partir del objeto o intervención del artista, (su intencionalidad, su concepto o sus influencias). Para abreviar, las propuestas artísticas que se realizaron en Puerto el Morro sólo pueden ser leídas tomando en cuenta los procesos de diálogo entre la comunidad y los artistas, un proceso así es mejor entendido si se considera la mayor o menor apropiación de la comunidad a los proyectos artísticos. No se puede dejar de lado la parte estética, pero esta necesariamente viene acompañada de un elemento político. En un proyecto en que el arte deja de ser algo proyectado solamente a partir de un artista individual, sino algo construido a partir del diálogo. El ejercicio reflexivo se complejiza y a la vez se torna más interesante.

Puerto el Morro

Puerto el Morro está ubicado en Guayas, a 9 km de la ciudad de Playas. Está situado entre una vegetación de bosque seco y una zona de manglar talado, es un espacio cuya vegetación ha sido mutilada por la explotación camaronera. Puerto el Morro es desde un punto de vista superficial como cualquier población de la costa, sin embargo, con un acercamiento un poco más profundo podemos ver que tiene sus particularidades, su historia y sus procesos culturales, (como es el caso de cualquier población de la costa).

En la memoria de los habitantes de Puerto el Morro hay historias que recuerdan la invasión territorial por parte de las camaroneras allá por 1984. Pero también hay historias de lucha y organización popular que resistieron a esos hechos. Relatos como los contados por la líder comunitaria Juana Morales, dan cuenta de la manera cruel en que los restos fúnebres de seres queridos fueron arrebatados del cementerio comunal para la construcción de una camaronera. La usurpación territorial camaronera también afectó económicamente a Puerto el Morro, algunos de sus habitantes recolectaban sal y se quedaron sin acceso al salitre. Muchos de los puertomorrenses eran pescadores y se quedaron con un acceso limitado al manglar – fuente de sustento- que siendo relegada a las orillas de la camaronera proveía de cada vez menos fauna para la recolección.

Puerto el Morro se desarrolló con una exclusión social debido a esos asuntos. En la actualidad es una comunidad con diversos problemas, entre ellos una baja escolarización y embarazo temprano. Pero en la coyuntura actual, a Puerto el Morro también se le presentan oportunidades por el auge turístico debido a la presencia de delfines en esa zona costera. La historia y la visión de futuro generan dilemas en la comunidad. En ese contexto específico, ¿cual fue la función del arte? y ¿qué aportó la Residencia Artística a Puerto el Morro?

Los Proyectos

La anterior pregunta aterriza en el aspecto ético y político de la Residencia ¿qué sentido tiene realizar una intervención en un espacio comunitario? Mas allá de lo interesante que puedan ser los resultados desde el punto de vista artístico es clave preguntarse que aporte representa esta experiencia para la comunidad. En Puerto el Morro se realizaron cinco proyectos, los artistas participantes fueron: Alejandro Meitin (con la colaboración de Gabriela Bernal y Eduardo Carrera), el Colectivo Centro Experimental Oído Salvaje (Mayra Estevez y Fabiano Kueva) acompañados por Ana María Vela y Paulína Ramírez, Fernando Falconí (Falco) con la colaboración de Maria Belén Granda y Dalía Cherrez, la artista Ana Fernández, y Josie Cáceres (con la contribución de Paulina León). María Fernanda Cartagena, David Gutierrez, Clara Medina, Paola Luzuriaga Javier Lazo y yo realizamos tareas de coordinación, reflexión y documentación.

Aunque cada proyecto tuvo su especificidad, entre las propuestas se formaron redes de apoyo y cooperación, así como espacios de diálogo en los cuales se fueron discutiendo día a día las problemáticas de la residencia. Fue la propuesta de Oído Salvaje la que funcionó como eje de los demás procesos, el colectivo propuso la implementación de una radio comunitaria con frecuencia pirata. El espacio radial sirvió a los artistas como lugar de difusión y visibilización de los proyectos, había programación que permitía a los artistas contar a la comunidad los avances de sus proyectos. En ese sentido, los artistas aportaron al proyecto de Oído Salvaje en la creación de contenidos. Por ejemplo, el artista argentino Alejandro Meitin, contó con un programa diario en el que conversaba con diversos actores de Puerto el Morro sobre las problemáticas comunitarias.

Ondas Porteñas fue el nombre que la comunidad dio a la radio. Aún cuando la radio estaba instalada faltaban los contenidos. Quizás Oido Salvaje hubiera podido haber llegado con un set de contenidos prefabricados a Puerto el Morro, pero los artistas no querían imponer la programación radial, querían suscitar un proceso social y comunitario a partir del cual se generen los contenidos. Las instalaciones de la radio fueron un sitio de encuentro para la comunidad, por el teléfono habilitado llegaban mensajes de felicitación y saludos la radio sonaba mientras se iban creando los contenidos, entrevistas, dos talleres de creación con la comunidad (el uno con pescadores y el otro con niños) que dejaron como resultado dos piezas de audio experimental, capacitación de personal en el manejo radial y la cohesión de la comunidad, a partir de un dispositivo que fue apropiado por los habitantes, son algunos de los resultados de Ondas Porteñas. Luego de esos diez días de transmisión radial quedó la posibilidad de que en base a la gestión comunitaria sea creara una radio permanente para Puerto El Morro.

Si la radio fue receptada por la mayoría de los habitantes de Puerto el Morro y por los sectores aledaños, en el resto de proyectos el trabajo se dio con grupos específicos. Alejandro Meitin dirigió su atención hacia la problemática ecológica, tuvo constantes dialogos con Ubaldo Figueroa a partir de un proyecto de resiembra del manglar. Alejandro también tuvo la iniciativa de proponer la producción de un tema musical, la letra de la canción y la música, la entonación de los versos y los coros, fueron creados de manera colectiva. Esta canción trataba el tema de la unión de la comunidad, "si Puerto el Morro se une todo va a salir mejor" recitaba uno de sus versos y más allá del uso que la comunidad le de a la melodía, la creación musical fue un medio para que sectores encontrados de la comunidad trabajen en conjunto. El resultado del trabajo de Meitin -al igual que muchos de los proyectos de Puerto El Morro-, es artístico pero va más allá del lugar al que tradicionalmente se le otorga al arte, es arte no por el lado objetual sino por el proceso de diálogo generado entre la comunidad y los artistas .(1)

Falco (Fernando Falconí) abordó el tema de la memoria a partir de la creación de un mapa vivo, mapa territorial que fue llenándose de tiempo en tiempo con la colocación de papelógrafos que incorporaban la historia de Puerto El Morro proyectada hacia el pasado, la situación presente y el futuro. Ana Fernández trabajó con un grupo de mujeres, quienes utilizaron sus saberes en la costura para contar a través de estos su propia historia. Mujeres adultas, niñas, jóvenes, ancianas entablaron relaciones intensas entre ellas, aunque ya se conocían entre todas, el taller les posibilitó conocerse de otra manera. El espacio de taller como lugar de creación conjunta, búsqueda de la memoria y diálogo de lo cotidiano, dio como resultado una exposición de los trabajos realizados en esa escena, pero mas allá de eso abrió la expectativa entre las participantes para trabajar la costura desde otro lugar al habitual (repetición de formas prediseñadas) se dio cabida a la que las mujeres potencien sus saberes con la creación.

El último proyecto del que voy a hablar es el de Josie Cáceres quién trabajo a partir de sus conocimientos en danza. Los puertomorrenses a pesar de estar en la Costa tienen un cariño especial hacia la música de los Andes. Esto se debe a un profesor de la escuela quién hace aproximadamente cuarenta años les hizo escuchar la música de la sierra, me imagino que también con cariño, para que luego de tanto tiempo sea parte de su cultura. El proyecto de Josie Cáceres consistió en abrir un espacio de taller, para -sin invalidar los conocimientos de los y las talleristas - indagar en otras posibilidades creativas, ampliando así los horizontes expresivos. Josie Cáceres y Paulina León trabajaron con la gente ejercicios de conciencia corporal para generar un acercamiento al contexto social y natural de Puerto el Morro. Buscar representar con la danza el movimiento del pescador o el movimiento de los delfines llevó a los y las jóvenes, a los niños y a las niñas a pensar otras posibilidades expresivas para el cuerpo. Al igual que muchos de los proyectos, el trabajo con la danza no tuvo un resultado tangible, más allá de eso, se abrió otro campo creativo para los puertomorrenses. Está fue una experiencia piloto, otros talleres tienen que seguirse implementando para que a partir de un trabajo sostenido se pueda canalizar la creación de propuestas coreográficas desde el contexto.

Anteriormente lance una pregunta sobre la Residencia, esta giraba alrededor de cuál era el sentido para que unos artistas visiten una comunidad por un periodo corto de tiempo. Sería pretencioso decir que nuestra presencia haya cambiado o mejorado Puerto el Morro. Para mí como un otro, que llegó a Puerto el Morro, fue una experiencia que me movilizo en lo sensible. ¿Qué movilizó la Residencia a la comunidad? Es una pregunta difícil de responder ya que hubo una diversidad de participantes. Dispondré de una idea del Presidente de la Comuna: Pedro Morales, el nos contaba sobre las constantes visitas, sobre los cursos y talleres, para el a diferencia de esas visitas en las que se establece una comunicación desigual y vertical entre la comunidad y los capacitadores, en la Residencia se percató de que lo importante es la generación de ideas desde la comunidad.