Isla Santay 2007

Hospedaje y el símbolo

Cristóbal Zapata

Este trabajo mano a mano y hombro a hombro, expresión que no utilizo como mera muletilla, sino que transmite literalmente la relación entre los artistas y sus asistentes, llama reflexionar brevemente sobre la noción de hospitalidad, sobre el gesto hospitalario del que fuimos objeto.

Hablo de la hospitalidad no sólo en el sentido de acoger cálida y generosamente al huésped como en efecto lo hicieron los hombres, mujeres y niños de Santay, sino de aquella hospitalidad fundamental analizada por Derrida en su bello ensayo sobre el tema, para quien el verdadero y profundo acto hospitalario sucede cuando el anfitrión escucha la voz del extranjero en su lengua materna, en el idioma que este trae desde las afueras, desde la lejanía, desde su lugar de origen, desde la otra orilla. Sobre este postulado derrideano, pienso que el artista como el extranjero es el portador de un discurso extraño, de un discurso de la otredad, de la perifierie y los extramuros, y que prestar una escucha atenta, amorosa a ese lenguaje del otro y de lo otro es el fundamento de la hospitalidad y de la comunicación artística. Sin olvidar que “lo otro –como bien señala el filósofo–, en la medida misma en que es lo otro, nos cuestiona, nos pregunta. Nos cuestiona en nuestros supuestos saberes, en nuestras certezas, en nuestras legalidades, nos pregunta por ellas y así introduce la posibilidad de cierta separación dentro de nosotros mismos, de nosotros para con nosotros”. En un espacio donde el rol del otro es permutable –sujeto a intercambio entre el anfitrión y el huésped, donde los unos pueden ser los otros y viceversa–, ese cuestionamiento compete a los dos, opera de ida y vuelta.

Estrechamente ligada a la idea de hospitalidad esta la relación simbólica que los artistas establecieron con el espacio y su gente. Recordemos que originalmente, el símbolo nombraba la medalla o moneda que el dueño de casa dividía en dos partes entregándola una de ellas al huésped o peregrino, de manera que si pasado el tiempo donante y huésped volvían a encontrare se reconocían porque juntaban –encajándolas– las dos partes del símbolo; estas son: el elemento simbólico que trae el extranjero, y elemento simbolizado que ha conservado el anfitrión.

Isla Santay - El hospedaje y el símbolo
Aplicando a nuestro proyecto esta dinámica de la relación simbólica diríamos que la isla representa el cosmos simbolizado, alberga, preserva y detenta el depósito de las imágenes y los elementos sobre los cuales los artistas iban trabajar sus símbolos. El acontecimiento simbólico, entonces tiene lugar cuando los artistas y los nativos lanzan al unísono las dos partes del símbolo, pues etimológicamente sým-bolon, no significa otra cosa que lanzar al mismo tiempo ambas partes de la moneda o de la medalla que al reunirse hacen posible ese re-conocimiento, ese comercio comunicativo que la obra de arte instaura. Así, el símbolo –como bien lo ha visto Eugenio Trías– “es una unidad que presupone una escisión”: en este caso, la del hombre con la naturaleza, y el “drama simbólico” se resuelve cuando ocurre el reencuentro.

Estas apuradas reflexiones quizá alcancen a resumir lo que considero el sentido profundo de nuestra residencia y actuación en la isla, más allá del encomiable interés de los organizadores por preservar este recinto natural a salvo de cualquier iniciativa publica o privada que invada y transforme este singular ecosistema; pero también estas notas me sirven para introducir el trabajo de los artistas.