Isla Santay 2007

KATYA CAZAR
Carpe Diem


Como era de esperar, casi todos los proyectos remitidos por los artistas y aprobados por los organizadores, sufrieron durante la estadía en la isla cambios sustanciales. La realidad física y humana con la que se encontraron, obligó a replanteos radicales (ya sea por adición o supresión) del mismo modo que las circunstancias determinaron la locación y colocación de las obras dentro del espacio. Esto es lo que pasó con el proyecto de Katya, quien recortó parte de su propuesta inicial y elaboró un video que no estaba en sus planes iniciales.

Katya Cazar
Entre su equipaje, Christian traía un ejemplar de Carpe Diem, la novela del escritor canadiense Saul Bellow, cuyo título adoptó Katya para su obra. Carpe Diem es la célebre fórmula horaciana que traducida del latín significa: “toma” o “agarra la flor de día”, es decir, un llamado a apresar el presente, el instante fugaz y escurridizo frente a la incertidumbre del futuro. Para una artista que había previsto recolectar las flores y semillas de la isla con el fin de elaborar un herbario, la frase le venía como anillo al dedo, y terminó utilizándola en su video. Para éste, Katya escribió sobre la orilla de la isla la frase de Horacio que el oleaje del río no tardó en borrar. La propuesta recuerda, entre otras análogas, aquella que la artista cubana Ana Mendieta realizó en 1976 en una playa mexicana, donde excavó su silueta sobre la arena que luego deshicieron las olas.

Lo que sobrevivió de su proyecto inicial es una pequeña instalación que montó en la casa de uno de los asistentes del proyecto. Inspirada en las categorías desarrolladas por el antropólogo Lévi-Strauss en su estudio Lo crudo y lo cocido, Katya ensambló unos pequeños retablos de cocina y comedor –cuya puesta en escena evoca la de los restaurantes de alta cocina– utilizando sets de los juguetes infantiles sobre papeles impresos digitalmente donde aparecen algunos de los términos analizados por Lévi-Strauss (“alimentar”, “comer”, “saciar”, “devorar”, etc.). Uno de estos sets es un juego de té, donde las variedades son “té de mangle blanco”, “té de mangle negro” y “té de mangle rojo” –la tipología científicamente establecida del manglar insular.
Quizá poco adecuada para el lugar por su complejo soporte intelectual, esta obra tiene el mérito de irrumpir en un hábitat privado ¬–la casa de un hombre soltero–, quien en su convivencia con una obra cuya imaginería no escapa a la catalogación de “femenina” seguramente experimentará insospechados sentimientos frente a ella. En gran medida, la obra sucederá allí, en este tète a tète entre al anfitrión y el producto simbólico, convertido aquel en detentor y espectador privilegiado de la propuesta, con lo cual el círculo del acontecer simbólico y de la hospitalidad se cierra armónicamente.